
Esto ocurre básicamente porque nuestro cerebro trata de encontrar un sentido a algo que carece de ello. Un ejemplo básico sobre este tipo de fenómeno se da cuando alguien juega a la ruleta. Una persona puede saber que tiene un 47% de probabilidades de ganar si apuesta al rojo, así que lo lógico sería apostar al negro si en la tirada anterior salió el color rojo
Si luego durante tres partidas seguidas saliese rojo, el jugador podría decidir volver a apostar por el rojo pensando que habrían mas probabilidades de que saliera de nuevo, pero realmente siempre hay las mismas probabilidades.
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